Caricaturas y leones marinos, esas fueron mis pesadillas infantiles. Las imágenes que contaminaban mi inconsciente durante esas largas caminatas por la carretera, esperando encontrarme algún alma igual de perdida que yo, igual de muerta, ansiosa, seca.
Las gotas de sudor que escurren por mi cara y que parece que nunca dejarán de salir, el calor sofocante de mis cachetes y el frío que choca con mi pecho, la máquina continúa moviéndose sólo por la inercia de la indecisión. O mátate o vive pero deja ya de ser un fantasma, pero si dejara de serlo entonces ¿a qué chingados vine?.
Las noches largas que recorren mis arrugas y dolores musculares, los traumas que nunca te abandonan y que luego forman parte de el constante recordatorio de todo lo malo que eres y haces, de todas las veces que nada salió como tu querías, o sea siempre. Toda la vida una continúa senda de errores unos más graves que otros, miles de personas que te detestan o que están decepcionadas de ti, nada de lo que haces está bien o es bueno. Eso debería de hacerte libre ¿no?, entonces ¿por qué tanto miedo?. La certidumbre si existe, siempre fracasarás, ya no te preocupes.
Un viejito ebrio alguna vez me dijo que los mejores días de su vida los podía contar con los dedos de una mano. Recuerdo pensar que era un viejo bastante patético, porque yo sólo tenía 13 años y no me alcanzaban los dedos de todo el cuerpo para mis mejores días. Lo que no sabía es que conforme vives más, tus estándares de felicidad suben mucho y tu optimismo se desploma hasta que rebasa el piso.
En fin, la vida es corta o larga, los años pasan rápido o lento. Podría decir que sólo voy a divertirme o que me la voy a pasar de la chingada por el resto de mis días. Ninguna es verdad. Sólo se que seguiré sobre analizando todo, al menos hasta que tenga novia, aunque seguramente ella será igual de obsesiva que yo, y sobre analizaremos todo juntos.
Bienvenido
lunes, 30 de marzo de 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
viernes, 27 de marzo de 2009
Rocallosas
La cabeza me da vueltas, tengo los oídos destapados y la nariz llena de rocosidades blancas que cuando respiro entran por mi torrente sanguíneo y despiertan a mi cuerpo como una patada en los huevos. Las costumbres de sacar a mis amigos de la vida cotidiana de mis enemigos es lo que me mantiene calientito en las noches y divertido por doquier.
Colmenas llenas de miel y perversión que se alegran de verme como madres aprensivas, raspadas en las rodillas y sangrando por la nariz, dulces sueños y sonoras pesadillas que me carcomen porque no me acuerdo, porque ya no duermo.
Porque cuando despierto de ti, no me quedan energías para mi, porque cuando salgo de ti, sólo puedo existir sin mi.
Caminar y caminar ya no me sirve porque las esperanzas se quedaron sin gasolina y los sueños ya me abandonaron, la lumbre ya ni me calienta el agua ya ni me moja, lo pero es que el sol sale todos los días y a mi me da lo mismo.
Carreteras y carreteras de cadáveres que cuelgan de las azoteas de los ricos y poderosos, que dominan el aire con su putrefacta belleza llena de deliciosos sabores y colores, de sentimientos puros de tranquilidad y amor que no se de dónde salieron, que no quiero entender, que sólo puedo ver y no siento nada otra vez.
Colmenas llenas de miel y perversión que se alegran de verme como madres aprensivas, raspadas en las rodillas y sangrando por la nariz, dulces sueños y sonoras pesadillas que me carcomen porque no me acuerdo, porque ya no duermo.
Porque cuando despierto de ti, no me quedan energías para mi, porque cuando salgo de ti, sólo puedo existir sin mi.
Caminar y caminar ya no me sirve porque las esperanzas se quedaron sin gasolina y los sueños ya me abandonaron, la lumbre ya ni me calienta el agua ya ni me moja, lo pero es que el sol sale todos los días y a mi me da lo mismo.
Carreteras y carreteras de cadáveres que cuelgan de las azoteas de los ricos y poderosos, que dominan el aire con su putrefacta belleza llena de deliciosos sabores y colores, de sentimientos puros de tranquilidad y amor que no se de dónde salieron, que no quiero entender, que sólo puedo ver y no siento nada otra vez.
martes, 24 de marzo de 2009
Callos en los ojos
Calamares de seda que nadan por el oscuro cielo que puedo ver desde el cuadrito de la azotea, el aire frío y el húmedo calor hacen que mi camisa esté pegajosa, mi piel es muy suave, pero no como la de ella.
Calor intenso, debo salir a caminar.
El patio de la ciudad está en las mismas terribles condiciones de siempre, tullida y falta de emociones, sólo con basura sentimental y miles de distracciones que sólo pueden servir para construir miseria.
Degenerados, alcohólicos, drogadictos, prostitutas, niños callejeros, ancianos que parecen piedras, todos tienen la ausencia del mal, pero lo viven todo el tiempo, son víctimas de el sistema, de la caligrafía mediocre de nuestra cultura y de la indiferencia total de todos, entre ellos yo.
La caminata no me ayuda, quiero salir corriendo y seguir hasta que se acabe el mundo o mi corazón explote. Los murmullos de la noche me respiran en la nuca, siento el miedo de la ciudad, está aterrorizada de sí misma, del horror del que es capaz, del olor que puede exhalar, del dolor que puede provocar, de su inevitable inmortalidad.
Peor que todo eso, se me acabaron los cigarros. Diviso una tiendita, cada vez más extraño en esta multi gigantesca mamada de pueblo en esteroides, escurre de productos por todos lados, es como una hemorragia de papitas, dulces y revistas, adorable de verdad.
La atiende un tipo gordo sentado en un banquito que podría sin duda alguna meterse por la nariz y aspirar hasta que le perfore el cerebro, él también se escurre. Como el sudor que escapa por todos los poros de su cuerpo, y del mío también, el intercambio de dinero es muy muy incómodo, es como si le tuviera que enseñar una cicatriz en la nalga o algo así.
El dulce humo de la primera fumada no se compara con nada, ¿por qué no todas pueden ser la primera fumada?.
Las criaturas nocturnas acaban de notar mi existencia, y me acechan poco a poco sin prisa, saben que no tengo de otra. Una anciana que está sentada en una banquita, tan fija que parece que está hecha de cemento. Me mira sin mover la cabeza, yo la miro constantemente, los surcos en su rostro, parece que fueron curtidos durante millones de años por niños con manos de cobre, su mirada es indescriptiblemente aguda, voraz, me deja seco y camino cada vez más despacio.
Estoy frente a ella, me mira sin parpadear, sin moverse, comienzo a temblar, mi cigarro cae al piso, la vida de la ciudad se congela un segundo, sus dientes crecen sin control y me tragan de un solo mordisco, el mundo adentro de ella es muy parecido al de afuera, pero aquí hace más calor.
Calor intenso, debo salir a caminar.
El patio de la ciudad está en las mismas terribles condiciones de siempre, tullida y falta de emociones, sólo con basura sentimental y miles de distracciones que sólo pueden servir para construir miseria.
Degenerados, alcohólicos, drogadictos, prostitutas, niños callejeros, ancianos que parecen piedras, todos tienen la ausencia del mal, pero lo viven todo el tiempo, son víctimas de el sistema, de la caligrafía mediocre de nuestra cultura y de la indiferencia total de todos, entre ellos yo.
La caminata no me ayuda, quiero salir corriendo y seguir hasta que se acabe el mundo o mi corazón explote. Los murmullos de la noche me respiran en la nuca, siento el miedo de la ciudad, está aterrorizada de sí misma, del horror del que es capaz, del olor que puede exhalar, del dolor que puede provocar, de su inevitable inmortalidad.
Peor que todo eso, se me acabaron los cigarros. Diviso una tiendita, cada vez más extraño en esta multi gigantesca mamada de pueblo en esteroides, escurre de productos por todos lados, es como una hemorragia de papitas, dulces y revistas, adorable de verdad.
La atiende un tipo gordo sentado en un banquito que podría sin duda alguna meterse por la nariz y aspirar hasta que le perfore el cerebro, él también se escurre. Como el sudor que escapa por todos los poros de su cuerpo, y del mío también, el intercambio de dinero es muy muy incómodo, es como si le tuviera que enseñar una cicatriz en la nalga o algo así.
El dulce humo de la primera fumada no se compara con nada, ¿por qué no todas pueden ser la primera fumada?.
Las criaturas nocturnas acaban de notar mi existencia, y me acechan poco a poco sin prisa, saben que no tengo de otra. Una anciana que está sentada en una banquita, tan fija que parece que está hecha de cemento. Me mira sin mover la cabeza, yo la miro constantemente, los surcos en su rostro, parece que fueron curtidos durante millones de años por niños con manos de cobre, su mirada es indescriptiblemente aguda, voraz, me deja seco y camino cada vez más despacio.
Estoy frente a ella, me mira sin parpadear, sin moverse, comienzo a temblar, mi cigarro cae al piso, la vida de la ciudad se congela un segundo, sus dientes crecen sin control y me tragan de un solo mordisco, el mundo adentro de ella es muy parecido al de afuera, pero aquí hace más calor.
sábado, 21 de marzo de 2009
Carne y papas
Casas y casa de cartón que desaparecen día con día, a veces te encariñas conuna y quieres vivir en ella pero después de un día o dos llueve o hace aire y es obvio que no es suficiente para ti.
Caminando bajo la lluvia se aclara el panorama, siempre, y por otro lado es como dejarse llevar de la mano por uno mismo, sólo estar y no desear ni añorar.
Corriendo las cortinas en las mañanas para no ver el sol es una parte básica de mi, es negar la realidad y conseguir lo que deseo en un simple paso, es ser yo.
En comer carne y papas te llevas toda la vida, en conseguir el dinero para las papas, en cocinar la carne, en encontrar quien se las coma contigo, en sentir y soñar, en pensar...
Caminando bajo la lluvia se aclara el panorama, siempre, y por otro lado es como dejarse llevar de la mano por uno mismo, sólo estar y no desear ni añorar.
Corriendo las cortinas en las mañanas para no ver el sol es una parte básica de mi, es negar la realidad y conseguir lo que deseo en un simple paso, es ser yo.
En comer carne y papas te llevas toda la vida, en conseguir el dinero para las papas, en cocinar la carne, en encontrar quien se las coma contigo, en sentir y soñar, en pensar...
miércoles, 18 de marzo de 2009
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