Las calles doradas reflejaban el sol tan duro que no podía ver más allá de dos metros delante de mi. Como cuando era niño decidí correr sin saber a dónde iba a parar, sin razón alguna, sin miedo, sin expectativas.
El sudor escurría por mi rostro y me daba comezón. Me rasqué y me rasqué hasta sangrar, lo predecible se cayó de mi rostro hasta que quedó sólo lo auténtico, al final todo era deshechable y ese pensamiento nunca dejó mi mente, hasta el momento en el que morí.
Corrí y corrí por todos lados, la ciudad estaba vacía, ya no quedaba nadie, pronto el dorado sería negro y el negro olvido.
Cuando por fin recorrí toda mi ruta, me asaltó un recuerdo que nunca creí volver a ver, y ahí es dónde entras tu, con tu mirada dulce y mente perversa, que sólo encontraba placer en destruir, personas, sueños o lo que estuviera cerca, lo que fuera ajeno a ti, lo que fuera imposible para ti.
Toda la vida creí que lo hacías por diversión o por venganza, quizás por ambos, quizás porque no sabes amar, pero justo ahora me doy cuenta que en realidad no es eso, es que nunca conociste algo diferente, eras sólo ignorante o demasiado cínica para el bien de la humanidad.
De cualquier manera pronto te volveré a ver si es que existe la vida después de la muerte, aunque para ser sincero, lo dudo mucho.
El cielo dorado comienza a cambiar de color, el negro se apodera rápidamente de todo, sólo tengo unos minutos antes de que esto acabe, así que corro hacia el Palacio, ahí si hay buena vista.
Desde la sala presidencial veo entrar los últimos rayos de sol, y los primeros rayos negros, ojalá alguien pudiera presenciar la belleza del fin a mi lado, como que sin compartirlo no tiene chiste.
Bienvenido
domingo, 15 de marzo de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
Cuernavaca
Tons cuando desperté creí que el trato estaba cerrado y salí de la cocina sin ropa pero convencido de que sería el final del día, y de que podría comprar mi departamento al menos en las próximas doce horas, aunque justo al salir de la casa me di cuenta de que eso sería imposible, cerré las cortinas y caminé hasta la esquina, comí un pedazo de pan, el corazón se me rompió en mil pedazos y creí que sería el fin pero nel, caminé hasta que se acabó el día y no llegué a ningún lado, tus gruesos labios, tus ojos enormes y tu pequeña nariz me dejaron hipnotizado, la luz de las velas era perfecta pero algo extraño pasaba cada que me acercaba a ti, algo que estaba bien, pero me tranquilizaba verte sonreír, aunque el mundo se acabó cinco minutos después, siempre es bueno recordarlo.
Total que el desierto seguía inundado ni caso caminar hacia allá, me comí unos huevos crudos y corrí hasta el Árbol, me subí, tardé todo el día, en la noche dormí en la copa, un pájaro luchó un rato por tirarme pero le arranqué las alas y le mastiqué un poco la cabeza hasta que se cayó y reventó como ejote en el suelo, o al menos así se escuchó.
Cuando amaneció vi el sol, directo, sin miedo, y salté.
Total que el desierto seguía inundado ni caso caminar hacia allá, me comí unos huevos crudos y corrí hasta el Árbol, me subí, tardé todo el día, en la noche dormí en la copa, un pájaro luchó un rato por tirarme pero le arranqué las alas y le mastiqué un poco la cabeza hasta que se cayó y reventó como ejote en el suelo, o al menos así se escuchó.
Cuando amaneció vi el sol, directo, sin miedo, y salté.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Ahhhhh
Cardenales rojos que no me dejan dormir, la voz del radio que no me deja dormir, el aliento a perro de mi esposa que no me deja dormir, la calidad deplorable del aire que no me deja respirar, la comezón que tengo entre los dedos de los pies, el calzón torcido que no me deja descansar, las cobijas que hacen cosquillas justo en la nariz, el hilo de sangre que escurre por mi nariz reseca y llena de costras, el sabor a bilis de mi garganta, la pansa inflamada e inestable que no me permite respirar bien, los oídos llenos de cerilla que me dan comezón que nunca realmente puede ser rascada, la resequedad de mi cráneo, el cabello que quiero arrancar porque da cosa estirarlo, la lagaña que se pega cada vez más a mi ojo hasta que entra y ya no puedo ver de un lado, lo inevitable de tallarme los ojos y la cabeza hasta que ya no veo nada, estirar los músculos hasta que duele y luego no poder moverme o caerme, tronarme los dedos y la cadera, darme de cachetadas, darle un cabezaso a un teléfono público, golpear las paredes y las puertas hasta que tu puño ya no es igual, aventar una piedra lo más lejos que puedas, dejar de amar de un día para otro.
martes, 3 de marzo de 2009
Solo
Mis huesos me piden que los use, mi carne se seca poco a poco, la nariz me sangra todo el tiempo, mis ideas ya no pueden conectarse, mi boca está seca, los labios me arden como nunca, los pies ya no los siento y la cadera me truena cada dos minutos, el olor a salitre saturado dentro de la columna vieja y estática que es mi memoria sólo me traiciona con su hedor a lugar común, nadie especial, mucho menos tu, mucho menos yo, todos seremos destruidos como moscas, y el drama dejará de existir porque ya no habrá quien lo piense.
lunes, 2 de marzo de 2009
Domingos de calamar.
Colágeno y huesos, piel curtida, pecas y humo, selva interminable, lluvia torrencial , niños zombis, creo que suena muy bien así, pero no lo fue, gritos que no escuché pero si vi, tu mirada fue de decepción, creo, pero en realidad no lo se, un animal herido hace cosas extrañas y yo sólo se que no entiendo nada más que el amor y el odio, y el amor es lo único que siento por ti.
Cuando las tardes arenosas mueran y se conviertan en la preocupación de alguna otra cara clase mediera y sin problemas empezaré a comerme mis ojos, a pequeñas mordidas, las obsesiones terminarán por sólo entender de casas y salitre, de putrefacción y colmenas sin miel, de abandono puro.
Calcomanías de oro que piden siempre ser parte de mi, y no tengo ganas, pero es oro, se supone que el oro no se niega, pero no tengo ganas, se supone que el oro es lo mejor que te puede pasar, pero no tengo ganas, creo que sólo necesito correr, en círculos hasta que mi sistema esté limpio de nuevo.
Calamidades y violencia afuera del metro, me hizo sentir vivo como hace mucho no pasaba, tengo miedo, pero miedo sabroso, del que dosificas hasta que se acaba y luego necesitas más, más peligro, más vida.
Extraño mi confusión.
Cuando las tardes arenosas mueran y se conviertan en la preocupación de alguna otra cara clase mediera y sin problemas empezaré a comerme mis ojos, a pequeñas mordidas, las obsesiones terminarán por sólo entender de casas y salitre, de putrefacción y colmenas sin miel, de abandono puro.
Calcomanías de oro que piden siempre ser parte de mi, y no tengo ganas, pero es oro, se supone que el oro no se niega, pero no tengo ganas, se supone que el oro es lo mejor que te puede pasar, pero no tengo ganas, creo que sólo necesito correr, en círculos hasta que mi sistema esté limpio de nuevo.
Calamidades y violencia afuera del metro, me hizo sentir vivo como hace mucho no pasaba, tengo miedo, pero miedo sabroso, del que dosificas hasta que se acaba y luego necesitas más, más peligro, más vida.
Extraño mi confusión.
jueves, 26 de febrero de 2009
Carretera
Las curvas de la vida se aplanan cuando no duermo, últimamente no duermo nada, ya no hay curvas, las emociones dejaron de existir, ahora sólo hay situaciones, convenientes e inconvenientes, hay de todo, como siempre pero sin complicaciones innecesarias, ahora sólo hay que decidir entre dos opciones, blanco o negro, si o no, unos o ceros, es fabuloso.
Curiosamente lo que más encaja en esta nueva ecuación de mi vida es el amor, porque sencillamente amas o no, y el amor sólo es uno, ¿no?, al menos eso dicen los manipuladores culturales por excelencia, la simplificación de las emociones es la respuesta a la depresión de nuestra generación.
No entiendo nada, sólo existo.
Curiosamente lo que más encaja en esta nueva ecuación de mi vida es el amor, porque sencillamente amas o no, y el amor sólo es uno, ¿no?, al menos eso dicen los manipuladores culturales por excelencia, la simplificación de las emociones es la respuesta a la depresión de nuestra generación.
No entiendo nada, sólo existo.
Duradero
Despertar es muy difícil, hay quienes nunca lo hacen, hay quienes creen que lo hacen, a veces hasta creen que lo hacen muchas veces a lo largo de su vida, pero en realidad nunca lo hacen.
Es como despertar de un sueño para después darte cuenta que sigues soñando y así infinitamente como una cebolla mágica que nunca terminas de pelar.
Finalmente la muerte es lo único que me tranquiliza, cuando se acaba se acaba, no más cebolla.
Despertar es imposible.
Es como despertar de un sueño para después darte cuenta que sigues soñando y así infinitamente como una cebolla mágica que nunca terminas de pelar.
Finalmente la muerte es lo único que me tranquiliza, cuando se acaba se acaba, no más cebolla.
Despertar es imposible.
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