Bienvenido

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viernes, 10 de abril de 2009

Final del día

El sol dorado se esconde tras las casas grises, sin cortinas y algunas sin ventanas- Ladridos de perro decoran el paisaje, niños corriendo, vagos hablando solos, señoras muy gordas observan, una banda de tipos rolan en una camioneta oyendo reggaeton a todo volumen. Un rapero rima freestyle al ritmo del beatbox de su compa. La sombra de un árbol cubre los ojos tristes de una mujer hermosa, 19 años 1 hijo. Un dealer mira la acción, se esconde y aparece por todos lados como serpiente.

La vida de las calles nunca muere, aunque la ahogues con drogas, violencia y pobreza. Subsistimos, todos, como una enfermedad incurable.

jueves, 9 de abril de 2009

Permanente

Totalmente constipado de la nariz, aire frío, sol ardiente, el desierto al atardecer, las chozas ahumadas por el fuego, cadáveres asados por todos lados, helicópteros que sobre vuelan nuestras cabezas, diminutas e insignificantes.

Los años no han pasado en vano, todos somos más viejos, ya no sentimos nada ante la destrucción más que la satisfacción de un trabajo bien hecho, que cuando nos hayamos ido, nada vuelva a crecer.

La guerra es la única manera de ser humano, lo demás son intermedios para lidiar con la culpa hipócrita que ha sido forzada dentro de nuestro sistema nervioso, en realidad la culpa no existe, es una fantasía, de mal gusto si me preguntas.

El odio no es necesario, no hay nada más destructivo que la racionalización extrema de cualquier asunto, finalmente destruyes algo porque es lo correcto, lo necesario, lo único que puedes hacer.

Los cadáveres se convirtieron en cenizas, el desierto ya solo es frío, hay que ir a incendiar el mundo, un lugar a la vez.

Climax

La tensión viene de todos lados, cuando el día pasa como agua, siempre hay algo que lo jode por aquí o por allá, la cosa es cuando lo bueno supera a lo malo, esos días que son tan raros como una pinche palabra acertada dentro del gobierno de cualquier pinche lugar que quieras, pero suceden, y cuando suceden los sientes desde que empiezan, la magia está, y te dejas llevar, aunque seas el más aprensivo del mundo.

Te dejas llevar por las cosas que creíste que nunca volverías a vivir, por los momentos que racionalmente no tienen sentido pero estabas pasándola de lo mejor, sencillamente es correcto, porque así se siente, y ahí se acaba el pedo.

Total, los violines melancólicos deberían de tocar en el momento más sublime de tu vida, el cual debería de ser justo el anterior a tu última agonía antes de morir, el climax perfecto.

El aire se respira, y cómo cuesta trabajo hacerlo.

domingo, 5 de abril de 2009

Fútil.

Mirando la luna me di cuenta que no soy nada y que la humedad de los días se me pega en los labios como una enfermedad incurable y terminal. Todas las mañanas del mundo son lo que me mantiene con vida. Cada hora y cada segundo me siento más vivo, más lleno de sangre caliente.

Colágeno vacío y duro que le da vida a mis más bajos instintos, a mis más cancerígenos días, a las noches secas y dolorosas llenas de placeres mórbidos. Sólo así me siento bien.

Las sonrisas son una puntiaguda navaja que me atraviesa todos los días, que me cortan de lado a lado. Las curvas que se enredan entre si y crean una forma deliciosa me marcan como brasas ardientes que logran traer mi pasado al presente en un instante y hacerme sentir como un niño sin miedo otra vez.

Desconozco la perfección y sin embargo todos los días creo verla, siempre me equivoco, siempre es una mentira que el aguarrás de la lucidez me quita cada vez más rápido. La capacidad para soñar se ve disminuida día a día por una fuerza gigantesca que no me deja ver más allá de lo posible y sólo me paraliza segundo a segundo, hasta que me libero gracias a las maravillas de la idiosincrasia mexicana, esa misma idiosincrasia que nos arruina, que nos convierte en pequeños y solitarios individuos sin la capacidad del trabajo en equipo o la construcción de un proyecto conjunto.

Cada día por la mañana se que es el último día de mi vida, el último día peligroso, el último día sutil, se acabó la magia, ahí viene la realidad. La muerte sería lo de menos, el problema es la miseria de la certidumbre de que todo va a salir mal, pase lo que pase, nada nos puede salvar.

viernes, 3 de abril de 2009

Camina como yo

Mis pies están duros y rasposos, duelen un poco. Trato de seguir subiendo pero no puedo. Las piedras más pequeñas me caen en los ojos, las más grandes me cortan los dedos. Mis uñas están llenas de mugre. Mi cabeza suda y suda sin control. Un extraño sabor a menta aparece en mi boca, completamente de repente. La cabeza me da vueltas, el aire que pega en mi rostro comienza a ser muy muy refrescante. El azul del cielo se oscurece. Caigo.

Amanece muy lentamente, todo es dorado en el desierto, aún yo. Modos de pararse hay muchos, modos de volver a pegar tu cráneo, no tantos. Las hojas de los árboles caen sobre mi rostro. El aire húmedo y fresco sopla en mi cara. Las pequeñas molestias de ser un cadáver como que no te puedes rascar la nariz. Pero ¿desde cuando hay árboles en el desierto?.

No tengo idea que pasó pero llegué a un lugar lleno de magia, donde el aire es fresco y hay miles de árboles en el desierto, las raíces se asientan en la arena, los ríos se revuelcan debajo del terrible sol.

Soy un cadáver que habla y camina, soy un zombi.

Un zombi alerta, lleno de deseos incontrolables de carne, femenina y dura. Aunque esté muerto siempre se me antoja este tipo de acción mutante, de acción consciente de si misma, de la carne.

Las cascadas estaban al revés, y el aire no era palpable, era extrañamente ausente, no estaba respirando. Caminé lentamente hacia los ríos de agua roja, una paloma se atravesó en mi camino y me la comí, sabía a papitas y maruchan.

Al acercarme al río una alarma se detonó y miles de moscas gigantes volaban hacia mi, no tenían cara de tener buenas intenciones. Corrí hasta el río y me sumergí en su rojo líquido, agua de jamaica.

Me quedé un par de días bajo el agua, sin pánico por el aire, la tranquilidad está a la orden del día. No dormir, no comer, tener hambre insaciable, no respirar.

Las moscas nunca se cansaron de esperar, así que salí aburrido esperando que me comieran o algo así, pero lo primero que pasó fue que me preguntaron de dónde venía y a dónde iba, me dijeron que tuviera cuidado porque había muchos asaltos por la zona y que si no quería que una de ellas me acompañara hasta salir del peligro, me negué amablemente, pero firme.

Me despedí y corrí hacia la libertad del desierto tropical, las aventuras estaban ahí, esperándome, sin embargo no pasaba nada, criaturas de apariencia feroz y peligrosa me observaban tranquilamente sin decir ni pío, sólo me miran pasar y comentan cosas en voz baja.

El hambre no desaparece, me como una que otra criaturilla de pacotilla y nada que te pueda decir podrá describir lo delicioso que es satisfacer el hambre durante los primeros cuatro segundos, luego el vacío es mayor, como el sexo cristiano lleno de culpa.

Correr por la llanura al atardecer se convirtió en mi actividad favorita, en lo que me mantiene cerca de ser una persona, porque es lo único que se aproxima a conmoverme un poco, es lo único que siento aparte del hambre.

Esta mañana mi cráneo explotó gracias a una rama gigantesca que cayó sobre mi, pensé que sería el fin, pero curiosamente sigo aquí, no puedo ver ni sentir ni comer ni oler ni escuchar, pero sigo aquí. Ahora es como ser un fantasma, porque no tengo ninguna prueba de que sigo aquí más que mi conciencia, ya no se que hacer, el suicidio no es una opción, aunque me estuvieran llevando a algún lado para cuidarme, aunque estuviera caminando a casa, aunque una jauría de perros estuviera comiéndome, no lo sabría.

Ahora ya se lo que es no tener miedo, no tengo nada que perder, no tengo nada, ni a mi mismo, no soy nada y sin embargo existo, no entiendo.

Platanar

Las gruesas piernas de la soledad le dedican una sonrisa a los enanos que habitan dentro de mi coxis. Las uñas y los dientes de la sexualidad desbordante y del deseo interminable de una mujer salvaje que destroza mis cristalinos ojos. La cantidad desenfrenada de noches sin fin, sin odio y sin conflicto.

El olor de las mejillas de una niña de 15 años, sexualidad inmadura pero abundante que camina como un viejo en silla de ruedas. Los días y días de dolor por la incapacidad de ser puro. Las clases de sabor que hay dentro de mi. Los oídos secos y a la vez viscosos.

Las estrellas brillan sobre mi cabeza llena de hierba que crece hacia abajo, como raíces. Que tienen horas y horas de vida antes de marchitarse y caer sin remedio sobre la arena para convertirse en recuerdos vagos.

Tragos largos de cerveza helada en una azotea nocturna repleta de anhelos.

Cortesanas que asaltan mis sueños, que dominan mi vida y mis recuerdos, mis sueños y mis deseos, mi vida de nuevo.

Carreteras de odio.

Magistral caída de sobres verdes, sobres verdes, sobre mi cabeza.

Calidad dudosa.

Caída libre.

miércoles, 1 de abril de 2009

Curvas

Las noches...
Corren salvajes por mi nuca
Derraman sangre y miel de las alturas
El aire es terciopelo negro
Sudo partículas sólidas
Camino solitario pero siempre seducible
Tarareo las mañanas que te perdí
Melocotón con sabor a fresa, te extraño todos los días.